mié. Nov 14th, 2018

Costa Rica medirá su aporte como contraparte en proyectos de cooperación

MIDEPLAN presenta metodología obligatoria para que el sector público cuantifique los recursos en especie que presta a iniciativas de cooperación internacional.

 

El instrumento permitirá comparar los aportes nacionales con los internacionales.

 

La historia de la cooperación internacional en Costa Rica siempre ha narrado muy bien la contribución de los cooperantes, pero, desde ahora, visibilizará también el aporte del país a los proyectos de este ámbito.

El Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica (MIDEPLAN), en su rol de rector interno de la cooperación técnica, presentó hoy una metodología para calcular cuántos recursos aporta cada institución del Estado como contrapartida a los proyectos y programas de desarrollo que se ejecutan con recursos de cooperación internacional. Esta metodología será de uso obligatorio para las instituciones y permitirá valorizar los recursos en especie que aporta cada entidad a los proyectos, para hacerlos realidad.

 

¿Para qué medir las contrapartidas?

 

“Todos los proyectos de cooperación internacional financiados con recursos externos no reembolsables comprenden un aporte externo y una contrapartida. Esto último son los recursos que asigna el país receptor a través de la institución que formula y ejecuta el proyecto y que complementan los del cooperante. Esas contrapartidas, en ocasiones se contabilizaban y en otras no y cuando se han contabilizado no siempre ha sido de forma estandarizada. Por eso, quisimos elaborar una metodología que uniforme los aspectos a considerar y las fórmulas para valorarlos”, explica María del Pilar Garrido Gonzalo, ministra de Planificación Nacional y Política Económica.

En Costa Rica, durante la última década, la cooperación técnica y no reembolsable ha tenido una tendencia decreciente. Pese a ello, en 2017 hubo un fuerte repunte respecto al último quinquenio y se recibió un total de US$119,1 millones de cooperación no reembolsable. Esos recursos de cooperación se invierten en proyectos que, a partir de hoy, deben cuantificar el aporte nacional en contrapartidas, como parte de su presupuesto. Cada año más de 70 nuevos proyectos harán este cálculo.

“Dentro de dos años, por ejemplo, los insumos recopilados con esta herramienta nos permitirán poner en valor nuestros aportes en especie a los proyectos de cooperación (o sea, nuestras contrapartidas). Con esa información, tendremos un dato más certero de la contribución que realizamos a la generación de bienes públicos como país proveedor de cooperación técnica”, indica Garrido.

Lo ideal es que los recursos internacionales solicitados potencien, complementen y apalanquen los nacionales, de acuerdo con las prioridades país.

Esta metodología responde a una urgente necesidad por evidenciar nuestros aportes a los proyectos de cooperación, que por años han estado invisibilizados y quizás hasta subvalorados. Hemos desarrollado una herramienta que nos permitirá evaluar nuestros aportes, tal como lo hacen Chile, Brasil o México. Con ella, daremos valor a recursos tan operativos como papelería o servicios básicos, pero también a aspectos de alto nivel como el expertise de los y las funcionarias públicas más preparadas y experimentadas que participan o lideran la ejecución de los proyectos de cooperación”, señala la ministra de Planificación.

 

¿Cómo se realiza el cálculo?

 

La Guía para determinar el valor de las contrapartidas institucionales en los proyectos de cooperación internacional establece las variables a considerar, los rubros que cada una comprende y la forma de hacer los cálculos respectivos. Este instructivo aplica para proyectos de cooperación sur-sur, triangulación, bilaterales y multilaterales.“La guía tiene variables y fórmulas, como todas las guías que pretenden cuantificar algo. Sus tres grupos de variables se utilizan para cualquier tipo de proyecto”, explica Garrido.Las variables a considerar son:

  • costos directos (boletos aéreos, alojamiento, alimentación, transporte interno, materiales)
  • costos indirectos (espacio físico, equipos de cómputo, agua, luz, teléfono, impresión de materiales, internet, uso de vehículos, apoyo secretarial)
  • trayectoria y experiencia acumulada (expertise y conocimiento de la persona funcionaria y tiempo que invierte en el proyecto)

La cuantificación permitirá evidenciar el esfuerzo y la inversión del país, mostrar que Costa Rica no es un receptor pasivo, sino que tiene una capacidad institucional valiosa y músculos técnicos en diferentes áreas, por lo que es un importante socio para la cooperación.“La cooperación internacional es medular para Costa Rica en nuestro contexto histórico. Por un lado, la comunidad de cooperantes nos califica como un país de renta media alta, algunos nos gradúan, limitando nuestro acceso a los flujos de la tradicional ayuda oficial al desarrollo (AOD), a fondos concesionales y a un tratamiento diferenciado en materia comercial. Por otro lado, vivimos una aguda crisis fiscal y aspiramos a ser miembros plenos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Eso demanda esclarecer los alcances de nuestro rol dual como país receptor y oferente de cooperación internacional y esta herramienta nos ayudará a comprender mejor el alcance y la magnitud de nuestros aportes”, agregó la ministra.Con el lanzamiento de esta guía, inicia un periodo de socialización de la herramienta entre las instituciones públicas que estará concluido en el primer semestre de 2019.

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